BOTSWANA

CAPITAL
Gaborone (200.000 habitantes según el censo de 2000).

EXTENSION
581.730 kilómetros cuadrados (algo más grande que España).
POBLACION
1,7 millones de habitantes.
COMPOSICIÓN ÉTNICA
Batsuana 95%, kalanga, basarwa y kgalagadi 4%, blancos 1%.
IDIOMA
La lengua oficial es el inglés, y el setsuana el idioma hablado por la mayoría de población negra.
RELIGION
Alrededor del 50% son cristianos. El resto practica religiones animistas.
GOBIERNO
República parlamentaria. Se independizó de Reino Unido en 1966.

GEOGRAFIA
La geografía de Botsuana está marcada por sus dos grandes mitos: el desierto del Kalahari y el delta del Okavango. Tras un largo camino desde Angola, el río Okavango llega al noroeste del país para verter sus aguas, no al océano como es normal, sino a las áridas tierras del Kalahari, donde en un mar de arena surgen 15.000 kilómetros cuadrados de canales, islas, flora y una fauna inimaginable.

Tampoco el legendario desierto es el paraje yermo que cabría imaginar, sino una rica sabana semidesértica que cubre el 85% de la superficie total del territorio, donde extensas llanuras de pasto y bosques de mopane se alternan con finas arenas rojas, grises y blancas, promontorios rocosos y finalmente las dunas que todos esperamos encontrar.

Sus fronteras son: al norte y oeste con Namibia, al este con Zimbabue, y al sur con Sudáfrica. En el sudeste del país se encuentra la zona más fértil y también la más densamente poblada.

El 80% de la población vive en el medio rural.

HISTORIA
No es de extrañar que los bosquimanos, habitantes de Botsuana desde hace más de 30.000 años, hayan quedado arrinconados en las regiones más remotas del Kalahari. Su espiritualidad les ha permitido la convivencia pacífica con las etnias que se han ido asentando en su territorio a lo largo de los siglos. Cualquier disputa se resolvía con la fragmentación amistosa de los grupos tribales, en virtud de la cual los perdedores se establecían en otro sitio.

Esta civilizada práctica fue posible hasta principios del XIX, cuando todos los pastos que bordean el Kalahari estaban ya repartidos y la expansión hacia Sudáfrica era imposible. Conscientes de lo vulnerables que les hacía la fragmentación en esas circunstancias, consiguieron reagruparse en una sociedad altamente estructurada regida por monarquías hereditarias.

La historia más reciente de Botsuana, como la de la mayoría de los países africanos, ha venido marcada por los intereses de las potencias coloniales. En este sentido, cabe preguntarse: ¿Qué interés tendría administrar 50 millones de hectáreas de arena? La respuesta es fácil: su valor estratégico. Para Gran Bretaña representaba la posibilidad de conectar sus valiosas tierras del norte con el puerto de Ciudad del Cabo. Portugal buscaba un paso entre Angola y Mozambique. Para los alemanes sólo era una forma de no quedarse atrás en la carrera por el reparto del continente.

Finalmente los británicos, temerosos del peligro alemán para su ruta comercial, accedieron en 1885 a administrar el protectorado de Betchuanalandia, la actual Botsuana. Diez años después, los reyes locales, alarmados por la amenaza de Cecil Rhodes –que siempre había codiciado el territorio para su Compañía Británica de África del Sur– emprendieron un viaje a Londres con el que obtuvieron el apoyo popular para mantener el protectorado.

La tutela británica impidió a Sudáfrica anexionarse el territorio, pero pavimentó el terreno para una política de supremacía blanca, que se practicó hasta los años sesenta, cuando el BDP, Bechuanaland Democratic Party, con el apoyo de los jefes locales, elaboró un plan para la independencia del país y el borrador de una constitución no racista. En 1966 Reino Unido, que nunca había obtenido beneficio económico de Botsuana, aceptó de buen grado la pacífica transferencia de poder.

Su primer presidente, Seretse Khama, fue capaz de mantener un difícil equilibrio entre la dependencia económica con respecto a Sudáfrica y su políticia anti apartheid y de apoyo a la lucha por la independencia de Zimbabue y Namibia. A su muerte en 1980, le sucedió Quett Masire, que, en respuesta a la creciente presión social, consiguió poner límites a la concentración de la tierra de cultivo en manos blancas, fomentó la creación de cooperativas y mantuvo la política anti apartheid del anterior presidente, lo que le costó importantes sanciones económicas y diplomáticas por parte de Sudáfrica, e incluso un ataque militar a la capital en 1985.

El desarrollo económico de Botsuana fue asombroso. A pesar de la aridez de su territorio, consiguió ser uno los mayores exportadores de ganado del mundo durante el protectorado británico. El declive económico comenzó cuando los altos impuestos exigidos por la administración colonial obligaron a los hombres a buscar trabajo en las minas de Sudáfrica, dejando la ganadería y la agricultura en manos de las mujeres.

El destino de un país que, en el momento de su independencia se precipitaba a ocupar un puesto en el ránking de los países más pobres, sin infraestructuras ni perspectivas de autosuficiencia después de décadas de colonialismo inglés, cambió radicalmente en 1967, cuando se descubrió en Orapa la segunda veta de diamantes más importante del mundo, que la colocó a la cabeza de los países productores junto con Sudáfrica. Su crecimiento económico ha sido imparable desde el descubrimiento en 1974 de una nueva veta.

CULTURA
El patrimonio artístico más importante de Botsuana descansa en el legado de los bosquimanos, una tribu milenaria que supo plasmar, en las paredes de cuevas y rocas, su profunda espiritualidad. El arte rupestre refleja la visión que el pueblo bosquimano tenía del mundo. La belleza y sensibilidad de sus pinturas expresa el respeto del cazador por la presa, a la que según sus creencias volverá a encontrar después de su muerte.

Originaria de otra tribu, la cestería es también una tradición que se remonta a siglos pasados, cuando todavía cada recipiente tenía un uso concreto y en su elaboración se mezclaban el sentido práctico y mágico de sus gentes. Diseños de nombres tan sugerentes como “Las primeras lluvias”, “El camino del búfalo” o “Las lágrimas de la jirafa” simbolizan en sus diseños la importancia del ganado y del agua en un mundo árido donde los bienes son escasos y merecen ser celebrados.dos.

Cuando los europeos introdujeron una nueva estética, los artistas locales la interpretaron bajo los cánones de su cultura, dando lugar a una simbiosis de estilos que terminaría por tener su propia identidad. Los bordados de colchas, alfombras y manteles combinan temas africanos con diseños europeos. Se podría decir que actualmente Botsuana tiene un arte único.

El tallado de la madera, que continúa siendo una de las formas de expresión artística más comunes, participa también de la doble herencia africana y europea. No ocurre lo mismo con la cerámica autóctona del país, que permanece fiel a sus orígenes.

FIESTAS
En Botsuana se considera que un día no es suficiente para celebrar un acontecimiento señalado, así que se han convertido en especialistas en 'el día siguiente'. Oficialmente los días festivos son:

- 1 de enero. Año Nuevo.
- 2 de Enero: 'el día siguiente' (de Año Nuevo).
- Semana Santa: 4 días. Celebran el Viernes Santo, Sábado, Domingo de
- Resurrección y 'el día siguiente' (lunes).
- Día de la Ascensión: 40 días después del Domingo de Resurrección.
- 19 de Julio: Día del Presidente.
- 20 de Julio: 'el día siguiente' (del Presidente).
- 30 de Septiembre: Fiesta Nacional.
- 1 de Octubre: 'el día siguiente' (de la Fiesta Nacional).
- 25, 26, y 27 de Diciembre: Navidades.

CLIMA
A pesar de su carácter desértico, Botsuana tiene una estación de lluvias tan deseada por sus habitantes que ha terminado por prestar su nombre a la moneda del país.

Durante el verano austral, que va de noviembre a marzo, hace su aparición la pula en forma de lluvias torrenciales o potentes tormentas. Las temperaturas en estos meses pueden pasar de los 40ºC. Desde luego, esta no es la mejor época para visitar el país.

Si lo que se quiere es observar la vida salvaje, el invierno –de abril a mayo– ofrece las mejores oportunidades. Las temperaturas son más variables: por el día no sobrepasan los 26ºC, pero al caer la noche pueden llegar a descender a los 0ºC.

DOCUMENTACION
Para entrar en el país no es necesaria la obtención de un visado previo, como ocurría antes del año 1999. La presentación de un pasaporte en vigor es suficiente.

España no tiene embajada en Botsuana, pero sí tiene una representación consular en Gaborone, que depende de la embajada en Windhoek (Namibia).

Consulado honorario en Gaborone

P.O.Box 1415-Garobone
Tfnos: 267 31 26 41 y 267 30 16 54
Fax: 267 37 34 41 y 267 30 059

Embajada de España en Namibia

Bismarck St., 58-Windhoek-P.O. Box 21811
Tfno 00 264 61 22/30/66
Fax 00 264 61 22/ 30/ 46

En el caso de viajar con vehículo propio, es obligatorio pagar a la entrada del país un seguro a terceros y un impuesto de peaje. Además, es necesario estar en posesión de un permiso internacional de circulación que emite el RACE. Como en otros países de la zona se conduce por la izquierda.

DINERO
La moneda oficial del país es la pula, que se divide en 100 thebes.

Las tarjetas de crédito más comunes y los cheques de viajes son aceptados en las principales ciudades, aunque es aconsejable contar con dinero en efectivo si se piensa viajar a las áreas rurales. Los dólares estadounidenses y las libras esterlinas son las divisas que presentan menos dificultad para el cambio.

Curiosamente, ciertas tasas, seguros de coche y pasos fronterizos no se pueden pagar con dólares pero sí con libras esterlinas y cheques de viaje.

A la hora de elaborar un presupuesto, conviene recordar que la política de Botsuana es potenciar un turismo caro.

DESPLAZAMIENTOS
En avión
Air Botswana vuela diramente de Gaborone a Francistown, y de éste último a Maun los miércoles y viernes. También tiene un servicio diario de Gaborone a Maun, desde donde se puede volar los lunes y miércoles a Ghanzi.

Kalahari Air y Okavango Air ofrecen vuelos chárter desde Gaborone a las zonas turísticas más remotas.

En autobús
Los servicios de autobús operan casi exclusivamente en la zona este del país. No existen horarios establecidos, ya que los trayectos se hacen en función de la demanda y los autobuses salen cuando están llenos.

Por carretera
En este país de grandísimas distancias, sólo hay 2.500 kilómetros de carreteras asfaltadas, el resto son de arena. En las primeras el límite de velocidad es de 110 kilómetros por hora, mientras que en las pistas de arena no se pueden rebasar los 60 kilómetros por hora. En todas ellas se conduce por la izquierda. Cuando viaje por las zonas más apartadas, lleve combustible y agua de reserva.

En tren
La única línea ferroviaria de Botsuana forma parte de la ruta de Bulawayo a Johannesburgo, que recorre el país entre Ramatlhabama (en la frontera con Sudáfrica) y Ramolgwebana (fronterizo con Zimbabue). Aunque lento, el tren es fiable y el viaje resulta relajante.

GASTRONOMIA
La cocina autóctona no ofrece a los amantes de la buena mesa grandes refinamientos, por lo que Botsuana no es el destino más recomendable para un viaje gastronómico. Los restaurantes son caros, y sólo encontrará cocina internacional en Gaborone, donde incluso hay restaurantes chinos e indios. Por lo demás, en la mayoría de las ciudades abunda la comida rápida. Tampoco espere gran variedad en los pueblos aparte de pollo, patatas fritas, ternera y mabele (porridge de sorgo).

Quizá le apetezca probar el vetkoek, que significa "pastel de grasa" y es la versión sudafricana del donut. Lo más recomendable es aprovisionarse en supermercados y cocinar al calor de la hoguera.

SALUD
A diferencia de sus vecinos, en Botsuana no es obligatorio el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla, aunque sí es necesario tenerlo si previamente se ha visitado un área infectada.

Se recomiendan las vacunas contra el tifus y el tétanos, y es imprescindible tomar la profilaxis contra la malaria si se piensa visitar el norte del país (delta del Okavango). En este área también hay problemas con la mosca tse-tse, que transmite la enfermedad del sueño.
La bilarzia podría jugarnos una mala pasada, así que hay que tener mucho cuidado con los baños en ríos y lagos.

En cuanto al agua para beber o lavar frutas y verduras, siempre hay que asegurarse de su potabilidad.

El sida, como en el resto de países africanos, merece una extremada precaución.

SEGURIDAD
Nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores tiene catalogado a Botsuana como un país sin problemas, así que a disfruta
r.

Sí conviene tener la precaución de hacerse un seguro internacional de viaje, y en el caso de trasladarse en coche es recomendable que éste sea un todo terreno, pues se corre el riesgo de quedar atascado en las pistas del Kalahari y en las del Delta. A propósito de las pistas: mucho cuidado con el exceso de velocidad, pues un frenazo brusco nos haría perder el control del vehículo. Como es lógico, no es nada recomendable conducir de noche por el peligro de ser atropellados por los animales.

COMPRAS
En Botsuana encontrará productos artesanales de altísima calidad, que siempre es aconsejable adquirir en la zona de origen para conseguir mejores precios. Si se viaja por la zona de Ngamiland merece la pena comprar las tradicionales cestas de hojas de palmera tejidas por las mujeres de Gumare y Etsha. Con sus magníficos y elaborados dibujos geométricos, estas cestas, de las que venden más de 15.000 piezas al año, rebasan en Europa y USA los cien dólares.

Lo más característico de las zonas occidentales del país son los objetos de origen san (bosquimano) y los productos de cuero, de gran calidad y estupendo precio. En cuanto a los tejidos artesanales, se pueden encontrar piezas de gran originalidad.

LUGARES
Gaborone.

La capital de Botsuana es una divertida yuxtaposición de dos mundos. En uno, la urbe moderna con edificios de cristal, bancos, restaurantes y casinos; en el otro, un leve ambiente africano nos sorprende en sus calles rectilíneas.

Cálida durante el día y fresca al caer el sol, en la ciudad se respira la misma tranquilidad que en el resto del país. Aquí es posible pasear sin temer a dónde se llega, sin sentirse observado y, sobre todo, sin que oleadas de vendedores ambulantes nos recuerden nuestra condición de extranjeros.

A pesar de su ambiente relajado, conviene no olvidar que nos encontramos en una de las ciudades más caras del continente.

Parque Nacional de Chobe.

Cubre una extensión de 11.000 kilómetros cuadrados, divididos en cuatro áreas bien diferenciadas entre sí. Limita con Namibia y Zambia al norte, con Zimbabue en su lado oriental, y en el sur con El Delta del Okavango

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Río Chobe.

Fluye entre riberas verdes y árboles gigantescos. Su curso marca la diferencia entre la vida y la muerte. Cuando la sequía agota el agua en otras zonas, la vida estalla en sus orillas: manadas enteras de búfalos, elefantes, leones, hienas y cientos de aves comparten territorio con hipopótamos y cocodrilos, sus residentes habituales, que, resignados, sestean bajo el sol. Es entonces cuando navegarlo supone un espectáculo único y fascinante.

Sabuti.

Al sur de Chobe este parque se asienta sobre los vestigios de un antiguo lago. Las extensas planicies de Sabuti son una tierra dura, no hay clemencia ni suavidad en sus contornos. Tan sólo los colosales baobabs –los árboles que los dioses plantaron al revés porque tuvieron celos–, rompen la fisonomía de un paisaje que es territorio de leones y perros salvajes.

Linyanti.

En la zona noroeste del parque, marginada de todas las rutas por su dificilísimo acceso, se forman las marismas del Linyanti. Si no llegan las lluvias, el calor y la sed abrasan tierra. Es entonces cuando el río surge en la memoria genética de las grandes manadas que encaminan sus pasos hacia él –el número de elefantes alcanza aquí su cifra récord– creando un espectáculo tan fantástico que compensa con creces la dureza del acceso.

Los Pans de Ngwezumba.

Entre Serondela y Sabuti una pista desierta sólo apta para 4x4 zigzaguea a lo largo del curso del Ngwezumba.

Kalahari.

Es «un mundo perdido», como lo llamó Van Der Post: un desierto de praderas sin límite, una gran llanura silenciosa que, a pesar de la extrema dureza de su clima, alberga una vida sorprendente. Gacelas, orix, leones, avestruces y chacales deambulan a lo largo de su inmensa geografía tal y como han hecho durante siglos lejos de la influencia humana. En el corazón de este territorio de 52.000 kilómetros cuadrados viven los últimos san, que aún conservan sus costumbres nómadas de cazadores recolectores. El gobierno de Botsuana les ha concedido una pequeña oportunidad para que sigan cazando en un territorio que siempre les perteneció.

Maun.

Situada en los confines del territorio, Maun posee el sabor de la aventura. Desde aquí parten los safaris como ayer partían las grandes cacerías. A lo largo de su polvorienta carretera, que es también su calle principal, se dan cita cazadores curtidos y arrugados, guías de safari vestidos de cazadores, mujeres tsuana enfundadas en algodón multicolor, y viajeros que cargan los todo terrenos, en cualquiera de los muchos almacenes que venden desde clavos a verduras. No en vano esta pequeña ciudad es la puerta al Okavango, y el espíritu del viaje se respira en el ambiente.

Región de Makgadikgadi Pans.

El territorio del noroeste contiene uno de los paisajes más fantásticos del país: los pans de Sua. Estos grandes depósitos de sal formaban parte de un inmenso lago que cubría casi todo el norte de Botsuana. Su evaporación hace unos 10.000 años dio lugar a estas lagunas, a las que acuden en la estación de lluvias enormes bandadas que harán las delicias de los aficionados a las aves.

Santuario de Nata.

Esta pequeña reserva de 230 kilómetros cuadrados es un refugio ornitológico donde se han censado mas de 165 especies.

Isla de Kubu.

Como una visión de otro mundo, Kubu emerge solitaria en medio de un mar de sal, con sus ennegrecidos baobabs como únicos habitantes. La isla es el sueño de cualquier fotógrafo.

Ntwete Pan.

Mayor que Sua Pan, su ribera oriental es una sucesión de islotes, dunas y rocas que inspiraron el escenario de películas como 'Los dioses deben de estar locos' o 'March of Flame Birds'.

Parques Nacionales de Makgadikgadi y Nxai Pans.

Estos dos parques creados en los años setenta combinan en su geografía praderas, sabanas y pans sobre una superficie de 3.900 kilómetros cuadrados. A diferencia de los anteriores, la gran fauna africana está presente en ambos.

Okavango.

El Okavango es el río que nunca encuentra el mar. Nace en las tierras centrales de Angola y, antes de morir en las arenas del Kalahari, recorre 1.300 kilómetros atravesando Angola y Namibia para formar el mayor y más bello delta interior del mundo, cuyos 15.000 kilómetros cuadrados forman en las llanuras un laberinto de canales, islas y prados que albergan en proporción más vida salvaje que cualquier otro lugar en el planeta.

Moremi.

En el corazón del Okavango, la reserva de Moremi es un encuentro con el Africa salvaje de otros tiempos, la posibilidad de explorar un mundo aún intacto, sin cercas, ni vallas, ni más normas que las que impone la prudencia. En medio de un paisaje lacustre formado por canales, lagunas y meandros, la variedad de la fauna es tal que desborda cualquier expectativa.

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Tsodilo Hills.

Más allá de las praderas arenosas que configuran el paisaje se divisa el perfil azulado de las colinas de Tsodilo, las montañas sagradas de los bosquimanos. Allí arriba vive Xui, el dios creador, en la fabulosa e irreal montaña que, según las leyendas, es el lugar donde habitan todos los espíritus, donde el agua nunca se seca y crece el árbol del conocimiento.

También es el refugio de una de las razas más antiguas e insólitas del planeta. Los san, a los que Sir Laurens Van Der Post llamó 'los últimos hombres libres' y a los que la presión sobre sus territorios y la incomprensión de sus costumbres ha borrado prácticamente de la faz de Africa. El asentamiento forzoso ha convertido a este pueblo fundamentalmente nómada en pálidas sombras de lo que fueron. Sin embargo siguen conservando su alegría infantil, y para quienes lo sepan ver, la magia todavía sobrevive en sus ojos. Por muy poco guiarán a los viajeros hasta los cuatro picos –llamados, Hombre, Mujer, Niño y Norte– donde sus antepasados dejaron constancia de todo su amor por la naturaleza, en una de las más sorprendentes representaciones del arte rupestre.

Francistown.

Segunda ciudad en importancia del país, es un recorrido por la historia del Africa Austral. Hace más de 80.000 años, los san o sus antecesores ya poblaban esta región, como lo demuestran las pinturas y útiles encontrados. Más tarde y a lo largo de los siglos, swahilis y portugueses, shonas, bóers y británicos recorrieron, pelearon y conquistaron este territorio. Pero la ciudad como tal surgió de la fiebre del oro. El descubrimiento de este metal en las riberas del Tati por el geólogo Karl Mauch marcó definitivamente el nacimiento de la actual Francistown.

Hoy en día sigue siendo un importante centro comercial y financiero, y a lo largo de su avenida principal «Blue Jacket» se suceden bancos, hoteles, tiendas y mercados.

Campamento de Sabuti.

A la entrada un cartel avisa sobre los últimos destrozos que ha causado la fauna en el campamento, sobre todo los elefantes en busca de agua. Pero mejor haría en avisar que aquí la visita para observar a los animales es completamente innecesaria, ya que la fauna local tiene la sana costumbre de ser ella quien nos visita.

Suelen comenzar las veladas alrededor de un fuego donde las anécdotas del día se mezclan con los pormenores de la cena. No pasará mucho tiempo sin que los primeros visitantes acudan al olor de las viandas. Hienas, elefantes y leones merodearán por los alrededores, e incluso puede que algún elemento despistado dé un paseo estelar entre las tiendas.

DEPORTES
Los principales deportes que se pueden practicar en este país y que está a diposición de los turistas son la pesca, las carreras de caballos y los safaris a caballo.